¿QUÉ REVELAN LOS MENSAJES NAVIDEÑOS DE FELIPE VI, CARLOS III Y KATE MIDDLETON SOBRE LA COMUNICACIÓN DEL PODER?

Cuando hablo de poder y liderazgo me refiero a su forma más profunda y contemporánea: la influencia que se ejerce cuando un mensaje conecta con las emociones y deja una huella en la memoria colectiva. El poder, en comunicación, nace de la capacidad de influir, emocionar y proyectar autoridad a través de la palabra. Y de los hechos. Aquí surge la autoridad natural, la tan deseada confianza y la credibilidad total.

Cada mes de diciembre, los mensajes navideños de las casas reales se convierten en algo más que un ejercicio protocolario: son la prueba de fuego de su capacidad para conectar, inspirar y proyectar liderazgo. Este año, los discursos de Felipe VI, Carlos III y el mensaje de Kate Middleton han dejado tres formas distintas de entender la comunicación del poder. A partir de su análisis, he identificado 27 claves -errores, aciertos y lecciones- sobre cómo un discurso puede persuadir, emocionar y construir autoridad. 

En este análisis retomo la que denomino “Teoría del Fórceps”, una técnica comunicativa que utilizo para describir la comunicación que no fluye de forma natural, forzándose completamente hasta perder su autenticidad. A esa tensión entre lo natural y lo impostado vuelvo hoy para analizar cómo comunican tres líderes institucionales. A partir aquí, surgen las 27 claves (9 por cada mensaje analizado) que explican por qué unos mensajes persuaden, mientras que otros se quedan atrapados en la forma.

La autenticidad no es un recurso comunicativo: es el punto de partida. Ninguna estrategia, por medida que sea, sostiene la atención si detrás no hay coherencia entre lo que se dice, lo que se siente y lo que se proyecta. La comunicación verdaderamente persuasiva nace cuando el relato se alinea con la identidad; cuando la palabra deja de ser un artificio y se transforma en expresión genuina de propósito. Ese equilibrio -entre emoción y credibilidad entre forma y fondo- es lo que separa al líder que convence del que simplemente habla.

ANALIZANDO 3 MENSAJES NAVIDEÑOS DE PODER

Tres mensajes institucionales. Tres casas reales. Tres formas de entender la comunicación. Mientras Felipe VI moderniza la forma, Carlos III y Kate Middleton modernizan la emoción. El resultado revela una lección esencial para cualquier líder o marca: cuando el mensaje se fuerza, se nota. Y cuando fluye, conecta.

Cuando contamos algo que nos impresiona, que nos afecta o que nos llena de alegría, el receptor interpreta ese mensaje como un acto de generosidad. Y es aquí cuando abre su cerebro racional y emocional para permitirnos conectar con él. Solo en este momento, existe la posibilidad de impactar y de persuadir. Cuando se hace lo contrario, cuando se transmiten mensajes planos, correctos, rigurosos en datos, explicativos, argumentativos, pero sin un ápice de nuestra autenticidad emocional, la conexión comunicativa se desvanece. Y esto es, justamente, lo que ocurrió en los discursos de Nochebuena y de Navidad de dos Casas reales, la de España y la de Inglaterra, por presencia y por ausencia de esta autenticidad emocional. 

La diferencia principal entre los tres mensajes es que Carlos III y la Casa de Gales han entendido que la conexión con los ciudadanos se construye desde las emociones verdaderas que ellos sienten y desean compartir, mientras que Felipe VI se ha quedado en una modernización de forma (estar de pie), sin un salto equivalente en el fondo emocional ni en la claridad temática (habló de varios temas, algunos de ellos interpretables, dependiendo de quien los escuche).

LAS 9 SOMBRAS COMUNICATIVAS DE FELIPE VI

1. Moderniza la forma (de pie, en un plano secuencia), pero no el fondo emocional. No se advierte ninguna emoción personal, ni en su comunicación verbal ni en la no verbal.

2. Gestualidad rígida y mirada contenida: transmite control, no calidez. 
3. Lenguaje abstracto, semánticamente impecable, pero emocionalmente vacío. Falta conexión humana y sentimiento tangible. Usa conceptos generales (unidad, compromiso, valores institucionales) sin anclajes concretos (anécdotas personales, pro ejemplo). Pero no transmite calidez, esperanza palpable ni emoción vivida. Suena como un comunicado oficial.
4. Evita temas sensibles (corrupción, precariedad, coste de la vida, sufrimiento de la gente de a pie por catástrofes como la DANA y los incendios o por temas como la salud mental). Describe, argumenta sobre la confianza, el miedo o la convivencia, pero no se involucra en lo que cuenta.

5. Incoherencia simbólica: hablar de desigualdad o del problema de la vivienda mientras aparecen planos generales que revelan la majestuosidad del Palacio Real. 
6. Despersonalización: solo habla el rol institucional, no la persona. 
7. Excesiva neutralidad: advierte, describe y argumenta sobre los extremismos o los partidos que fomentan el miedo, pero sin dejar claro a quién se dirige y otorgando más importancia a este tema que al de la corrupción, en el que no se centra, siendo extremadamente grave.  Creo que no habló de corrupción para no interferir en debates judiciales abiertos y para poner énfasis en el deseo de convivencia, pero esto tiene un riesgo importante: parecer desconectado de la realidad. 
8. Falta de relato auténtico: expone, no cuenta; informa, no emociona. 
9. Escenografía distante: el Palacio Real, más protagonista que su palabra, que su gestualidad. El escenario es frío por sí mismo, aunque se podría haber ambientado para otorgar más calidez, con decoración navideña, planos más cerrados y gestualidad más auténtica.

El resultado: un discurso técnicamente correcto, pero sin alma. Una pieza de comunicación distante, artificial y fría. Un discurso producto de un minucioso cálculo institucional (aplicando claramente la “Teoría del Fórceps”), sin el pulso emocional para abordar el dolor y la preocupación del ciudadano de a pie.

LOS 9 ACIERTOS COMUNICATIVOS DE CARLOS III

El mensaje de Carlos III fue todo lo contrario: un ejemplo de comunicación emocionalmente inteligente. 

Su intervención desde la Lady Chapel de Westminster Abbey combinó símbolo, emoción y propósito, alcanzando algo que la comunicación institucional rara vez consigue: credibilidad humana.

1. Escenario espiritual y comunitario. La elección de la Abadía (tuma de 15 monarcas) no es un palacio sino un lugar de servicio eterno. Carlos III elige deliberadamente un espacio donde los monarcas reposan entre el pueblo que sirvieron, no sobre tronos. Esta abadía conecta con un aspecto central de su mensaje: la necesidad de “desintoxicarnos digitalmente”. Una pausa emocional contra la aceleración tecnológica. 

2. Iluminación cálida y ambientación coral coherente. Los árboles navideños pertenecen al proyecto “Together at Christmas” de Kate Middleton, un servicio de villancicos benéfico anual organizado por la princesa de Gales en la Abadía de Westminster. Estos árboles se donan después a hospitales oncológicos, en esta ocasión, a los centros en los que Carlos III y Kate Middleton se han tratado de sus respectivas enfermades oncológicas. Este mensaje es muy poderoso porque representa una implicación emocional del monarca. No es decoración casual: simboliza la esperanza compartida tras la enfermedad.
3. Gratitud genuina hacia el personal sanitario. El rey da las gracias a los médicos y a las enfermeras que cuidan de los ciudadanos. No es un mensaje forzado, sino unas palabras de gratitud tras su enfermedad. Esta vulnerabilidad controlada humaniza al rey Carlos, sin debilitarlo.
4. Espiritualidad inclusiva: hace una referencia a los “peregrinos del Este” (Reyes Magos” y a la ética cristiana extendida a todas las fes. Un mensaje espiritual que no excluye, sino que une creencias diversas. Una forma de invitar a la convivencia, sin argumentarla teóricamente, sino a través de ejemplos directos y concretos.
5. Vulnerabilidad cuidada: menciona su enfermedad sin dramatismo. Habla del dolor como puente hacia una versión mejor de nosotros mismos.

6. Lenguaje sencillo, ritmo pausado, tono íntimo. 
7. Integración familiar simbólica (Kate y Charlotte, continuidad emocional). 
8. Llamada universal a la reconciliación y la bondad. “Hacer a los demás lo mismo que nos gustaría que nos hicieran”.
9. Equilibrio entre solemnidad y humanidad real. Mantiene el peso histórico de la monarquía, pero alude también a cuestiones cotidianas.

LAS 9 FORTALEZAS DEL VIDEO DE KATE MIDDLETON AL PIANO CON SU HIJA

El vídeo difundido en Nochebuena, con Kate Middleton tocando el piano junto a su hija Charlotte, eleva el estándar de la comunicación emocional institucional. Es el ejemplo perfecto de un mensaje que no se fuerza, se comparte. Un ejemplo claro de una comunicación natural y memorable:1. Narrativa íntima: madre e hija, hogar y música. Kate construye una historia universal que trasciende la realiza. Al mostrar a su familia en un momento íntimo, no solo emociona, sino que proyecta un liderazgo accesible. Esta escena familiar genera conexón inmediata, recordándonos que la autoridad más sólida nace de las emociones reconocibles.

2. Lenguaje simbólico universal: la emoción sustituye a las palabras. En lugar de discursos solemnes el piano y las miradas auténticas entre madre e hija, repletas de ternura y amor, hablan por sí solas. El lenguaje no verbal toma todo el protagonismo: sonrisas compartidas, gestos de orgullo, caricias. Un mensaje de esperanza, resiliencia y futuro sin necesidad de transmitir una retórica elaborada -y forzada-. Es comunicación pura: universal, atemporal y clara, porque apela al sentir colectivo más allá de las barreras idiomáticas o culturales.
3. Coherencia entre emoción y contextoternura y serenidad. El tono sereno del video alinea perfectamente la emoción genuina con el espíritu navideño. No hay contradicciones: la ternura fluye de forma natural, sin forzar la solemnidad. Esta armonía interna persuade porque refleja autenticidad vivida.

4. Vulnerabilidad pública tras un año difícil como rasgo de confianza. La princesa de Gales muestra recuperación real -vitalidad cotidiana tras su cáncer- sin victimismo. Esta apertura controlada genera credibilidad y admiración: un liderazgo que se fortalece al revelar humanidad, no debilidad. Es el poder emocional en su máxima expresión. Aquí se genera la confianza pública.
5. Luz cálida y tonos suaves: estética emocionalmente accesible. La iluminación hogareña y la paleta calidad envuelve la escena en una intimidad acogedora y natural. Esta estética visual refuerza el mensaje de esperanza cercana a la gente de a pie.
6. Autenticidad no teatralizada: el gesto sustituye al guion. No se observan poses estudiadas ni diálogos o gestos preparados. Muy al contrario, hay una gran espontaneidad en la interacción entre la madre y la hija. Las miradas y las sonrisas llevan el peso narrativo, consolidando la confianza de la que hablaba anteriormente. Es una comunicación que respira y que conecta.
7. Continuidad generacional como valor narrativo. Madre e hija al piano simbolizan la transmisión de valores de futuro. No lo cuentan, lo expresan con la escena narrativa. Esto proyecta estabilidad familiar e institucional, inspirando confianza colectiva. Es un liderazgo que mira hacia adelante a través de lo íntimo.

8. Conexión emocional inmediata: no necesita traducción. El video impacta al instante porque la calidez humana genera identificación espontánea. Estamos ante una escena sencilla, realizada desde el corazón y para el corazón de quien la observa.
9. Mensaje transversal: frescura, optimismo y cercanía, sin solemnidad. Kate Middleton comunica optimismo desde la cotidianidad, evitando fórmulas comunicativas más rígidas. Esta frescura consolida su autoridad moral, un liderazgo moderno que inspira sin imponer. 


En tres minutos y sin un solo discurso, la princesa de Gales logró lo que el protocolo institucional a veces olvida: humanizar el poder institucional y conectar generando confianza.

LA “TEORÍA DEL FÓRCEPS”: SOLO LO NATURAL ES DECISIVO

Hay discursos que nacen solos y otros que hay que forzar que se produzcan. En comunicación, como en la vida, hay mensajes que parecen fluir de manera natural y otros que, aunque correctos, se sienten “asistidos”. 

A esa diferencia la denomino “Técnica del Fórceps”, una metáfora que define los mensajes que “nacen con ayuda técnica, pero sin respiración emocional”. Son impecables en la forma, pero no consiguen tocar al receptor en lo humano. 

El término proviene del instrumento médico que se usa en un parto complicado. Trasladado a la comunicación pública, significa esto: cuando la técnica domina al pulso, cuando el discurso necesita ser empujado, el resultado es un mensaje formalmente perfecto, pero emocionalmente estéril. 

Tres síntomas lo delatan: 


1. Asistencia excesiva: el mensaje depende de guiones, asesores o filtros institucionales que diluyen la voz personal del emisor. Un monarca también debe mostrarse humano y también debe implicarse de alguna forma en su relato. Implicarse no significa tomar partido, sino mostrar emociones verdaderas.
2. Ausencia de pulso emocional: el mensaje no tiene alma; la gente no se reconoce en él.  La estructura de lo que cuenta es correcta, pero no hay empatía o relato vivencial. Informa, pero no conecta.
3. Desajuste simbólico: la escenografía y el lenguaje no verbal contradicen el contenido de lo que cuenta (por ejemplo, hablar de la precariedad laboral mientras aparecen planos generales que muestran la majestuosidad del Palacio Real, en el caso del discurso del rey Felipe VI). 

Utilizo siempre la “Técnica del Fórceps” para explicar que la comunicación eficaz no se fuerza: nace. Los mensajes que se construyen desde la autenticidad emocional y después se argumentan. Solo así pueden persuadir, es decir, influir en quien los escucha y permanecer en su memoria.  

EL NECESARIO PULSO DE LA AUTENTICIDAD: REINAR ES TAMBIÉN COMUNICAR

Felipe VI habló desde la técnica. Carlos III, desde la emoción. Y Kate Middleton, desde la vida. 


La comunicación eficaz no se fuerza: nace de forma natural. 
La emoción no se redacta: se transmite.

De ahí la importancia de la autenticidad en la comunicación. La persuasión siempre depende de lo auténtico.

La próxima vez que un líder se pregunte por qué su mensaje no conecta, tal vez debería revisar si está comunicando con voz propia o con fórceps. Para comunicar bien, para persuadir, es imprescindible construir un vínculo desde la emoción. Desde la emoción auténtica, claro.


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