EL PAPA LEÓN XIV Y SU COMUNICACIÓN NO MUSCULAR: DE LA CONFIANZA AL IMPACTO TOTAL

Mientras viajaba en el avión de camino a España, un periodista le preguntó al Papa de qué equipo era. León XIV, sin dudarlo, dijo que “el Papa era de todos los equipos”, pero que él era del Real Madrid. Esa diferenciación entre su rol institucional y personal, una muestra consciente de humildad y de autoconciencia determina lo preparado que alguien está para ejercer un cargo de tal magnitud. Para ejercer un liderazgo auténtico.

Hay muchos ejemplos más de su rotundo liderazgo. No solo el de ahora, sino el de antes. El que ya tenía cuando era misionero en Perú.


Estamos ante un Papa que multiplica el valor de su gestualidad emocional cuando está con la gente de a pie, muy especialmente con los más desfavorecidos. Así lo está demostrando ene esta visita. Hay múltiples ejemplos de este comportamiento no verbal, que tiene una fuerza persuasiva sólida y duradera.

León XIV es un intelectual, una mente brillante capaz de simplificar su mensaje. Habla con claridad, mostrando un beneficio claro para aquellos que escuchan. Tiene autoridad, sin imponerla. Es sereno y contundente al mismo tiempo. Ofrece recetas sencillas, pero no simplistas -y mucho menos populistas-.

“Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores”. Este pensamiento de San Agustín, padre de su orden religiosa, resume perfectamente lo que está haciendo el papa León XIV durante su visita a España. Para ello, está desarrollando una estrategia de comunicación auténtica, que integra el lenguaje verbal y no verbal, para desarrollar los tres pilares del liderazgo contundente: la firmeza, la compasión y la acción.

Desde el minuto uno el Papa ha expresado su interés y su preocupación por la forma en la que comunica el mundo. Así, en su primera audiencia con periodistas puso en valor un concepto importante para entender lo que está haciendo estos días en España: la COMUNICACIÓN NO MUSCULAR. Una comunicación basada en un lenguaje desarmado, en claridad y en la persuasión sin imposición. Frente a ella, está la comunicación muscular, que es la que domina buena parte de los discursos políticos de este tiempo. Es la comunicación verbal y no verbal que impone, que usa la fuerza verbal, la agresividad, la que divide, polariza y domina. Un contraste necesario y decisivo para este tiempo, sin duda.

Así está activando León XIV su comunicación no muscular, a través de su lenguaje verbal y no verbal. Estas son las 25 claves de su estudiada estrategia comunicativa:

1. Simplificación sin banalización. Expresa ideas profundas con una economía de palabras, favoreciendo la comprensión del mensaje por parte de todo tipo de públicos.
2. Paz, verdad, dignidad. Cada palabra es un marcador moral que reorienta el debate. Las repite, las explica, las ejemplifica, las demuestra.
3. Rechazo a la polarización. No solo evita el conflicto, sino que lo identifica como problema.
4. No a la guerra de las palabras. Reduce la tensión del entorno de forma permanente.
5. Atento a la persuasión. Su mensaje está perfectamente medido en cada ocasión. Sabe a qué público se dirige y cómo debe replicar su mensaje-fuerza en cada momento.
6. Firmeza y claridad moral. No es ambiguo, se moja con su mensaje. Y, lo más importante, es absolutamente claro con sus palabras. En todos los contextos.


7. Autoridad sin agresividad. Persuade desde la serenidad.
8. Interpelación permanente. Comunica desde el “vosotros”, no desde el “yo”, mostrando el beneficio que su mensaje tiene para la gente de a pie, para el país, para el mundo.
9. Excelencia. Es exigente con sus palabras, estableciendo la calidad y la exigencia como brújulas para el bien común. No ceder nunca a la mediocridad es uno de sus mensajes más recurrentes.
10. Cronémica activada. La forma en la que León XIV ha manejado su llegada los distintos contextos (aeropuerto, Cibeles, Movistar Arena, encuentros con la gente, recorrido por las calles, etc.), es un momento clave para transmitir calma. Esto es algo fundamental a nivel no verbal porque marca su nivel de autoridad.

11. Autocontrol visible. Su gestualidad (kinesia) está controlada, no reprimida. Hay numerosas micro-expresiones en su rostro que manifiestan como controla su emotividad (para evitar, por ejemplo, las lágrimas en determinados momentos). No las reprime, solo las controla. Este equilibrio emocional no verbal refuerza su credibilidad.
12. Ritmo pausado y ordenado. La forma en la que camina, en la que se mueve, en la que saluda, también es comunicación. Lo hace sin prisa, tomándose el tiempo suficiente para mirar, escuchar y apretar la mano de cada persona.
13. Paradas tácticas. No ha calculado dónde debe detenerse, lo hace por impulso emocional. Y se nota porque cuando se encuentra con personas que remueven su compasión suele esbozar una sonrisa auténtica. Lo hemos visto al detenerse para saludar a niños con discapacidad o personas migrantes.


14. Posición del cuerpo. Cuando está especialmente cómodo, su cuerpo se gira hacia el interlocutor. Y esto sucede especialmente cuando habla con personas vulnerables. Aquí emerge su yo más auténtico. Cuando está dialogando con representantes institucionales (reyes de España o figuras políticas), suele girar la cabeza para escuchar, manteniendo una posición no verbal más institucional -y más tensa-.


15. Sonrisa tímida y real. Así es la forma en la que esboza uno de los mayores signos no verbales de poder (la sonrisa). No es una sonrisa amplia, ni recurrente, ni llamativa. No busca una simpatía fácil, sino una cercanía sobria.
16. Gestualidad medida. No sobreactúa, fortaleciendo su sinceridad.
17. Postura sobria y accesible. No transmite rigidez, al contrario: es accesible sin perder autoridad.
18. Proxémica determinante. Cuida especialmente esta categoría no verbal porque está íntimamente ligada con la generación de cercanía. El Papa no solo aparece, sino que se detiene. Y se detiene con los más débiles. Sus gestos no son “buenistas”, son coherentes con su determinación.
19. Paralenguaje. La intensidad de su voz, el ritmo y la entonación (teniendo en cuenta que lee su mensaje en un idioma que conoce, pero que no domina) conectan con su imagen serena, pero no débil.
20. Lugares simbólicos. El entorno es una categoría no verbal clave. Todos los lugares escogidos por el Papa son un mensaje elocuente en sí mismo: Centro CEDIA de Cáritas, la cárcel, el Congreso de los Diputados (la primera vez que un Papa acude a este lugar y pronuncia un discurso), Canarias (donde se encuentra la “ruta mortal” de los inmigrantes). Aquí está todo el mensaje.


21. Gestión del tiempo: no transmite urgencia o saturación, pese a los encuentros multitudinarios en los que se ha encontrado. Sí hay gestos no verbales de nerviosismo (por ejemplo, cuando traga saliva de forma marcada o cuando reproduce un tic nervioso de respiración para contener la emoción), pero mantiene el dominio de la situación.
22. Renovando el peso de las palabras. Expresa sus ideas de forma clara. Determina los marcos morales, sin dudar y con una concisión alta. Es decir, sabemos lo que quiere decir, sin tener que interpretar sus palabras -como sí ha ocurrido con otros pontífices que han recurrido a símbolos complejos para expresar sus ideas-. Y otorga significados concretos a palabras universales como el amor, la paz y la verdad.
23. Contención. Evita la teatralidad, haciendo que impacte su naturalidad. Cuando alguien hace algo de verdad, que le importa, que le motiva y en lo que lleva implicado toda su vida, se nota. El cuerpo, la voz, las palabras y la química emocional lo desprenden de forma permanente.


24. Coherencia y dirección. Sus mensajes parten de su estilo de vida, lo que refuerza la coherencia entre lo que dice y pide que se haga. Sus palabras no solo emocionan, sino que orientan el futuro.
25. Contundencia. No es un Papa de medias tintas. Sabe muy bien lo que dice y para qué lo dice, algo decisivo en comunicación eficaz. Es tremendamente contundente. “Hay que saber lo que producimos y para quién lo producimos”, es uno de sus mensajes tipo que hacen referencia a esta contundencia.

León XIV está cambiando el clima social de todo un país. Está introduciendo como novedosos los valores más prósperos en todos los tiempos: la concordia, la escucha y el bien común. Su sentido de la humanidad está siendo revolucionaria. Su vuelta a lo esencial es pura vanguardia para un tiempo político enfurecido que no da más de sí.

La contundencia, la claridad y la coherencia de León XIV no son un mensaje más. Son el mensaje. Un mensaje que comunica eficazmente la imagen pública y política de un Papa que impacta a través de una confianza generada de forma natural, fruto de su conciencia y de su coherencia. Estamos ante un líder rotundo que, a través de su liderazgo moral -bien comunicado-, está reforzando y refrescando la reputación institucional de la Iglesia Católica. No busca deslumbrar, sino dar significado para que el mundo se ordene y la gente sea más feliz. No busca ocupar espacio, sin dar sentido. Y no lo hace por la fuerza, sino a través de sus huellas. Abriendo el camino, para que alcemos la mirada. Casi nada hoy.

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