LA MENTALIDAD DE LA AMABILIDAD: CÓMO SE CONSTRUYE LA CONFIANZA

ANÁLISIS DEL LIDERAZGO DE LUIS DE LA FUENTE Y JACINDA ARDERN

No todos los líderes están preparados para hacer algo así. Y, precisamente por eso, cuando aparece un liderazgo de este tipo, se vuelve tan valioso. Urgente. Imprescindible. Sanador.

Hay líderes que mandan. Solo eso: mandan. Y, a veces, incluso, se hacen pasar por gente buena. Pero solo son astutos de zancada corta. Ya lo anticipaba Cicerón. Por eso, no cualquier persona está preparada para ser un líder de verdad. Pero cuando la bondad se convierte en la esencia de la acción (la historia lo demuestra), todo comienza a funcionar mejor y cada persona encuentra su lugar y es capaz de dar lo mejor de sí misma. Casi nada.

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El seleccionador español de fútbol, Luis de la Fuente, ha construido un equipo donde nadie necesita ser el protagonista para que el equipo funcione. Lo importante no es quién brilla siempre, sino quién está preparado para hacerlo cuando llega su momento. Esa lógica se ve en la gestión de jugadores como Mikel Merino: esperar, confiar, activar en el instante preciso… y responder. No se trata solo de una decisión táctica, sino de una cultura mental.



En otro ámbito bien distinto, pero manteniendo ese estilo de liderazgo, la ex-primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern (una de las gobernantes del mundo que mejor gestionó la pandemia) representa otra forma de ejercer ese mismo principio. Su liderazgo se apoya en la empatía, la claridad y la capacidad de generar confianza incluso en contextos complejos. No lidera desde la imposición, sino desde una autoridad que nace del respeto y de la coherencia. Y de decisiones eficaces, tomadas en el momento oportuno, con los medios necesarios y con resultados extraordinarios. Ha publicado recientemente sus memorias y el título no es casualidad: «Un poder diferente». El poder necesario para hacer las cosas bien, para dirigir generando espacios de armonía, resolviendo, anticipando soluciones y creando contextos para que cada persona pueda movilizar su talento.



Aquí es donde propongo una idea que me parece especialmente relevante para el liderazgo contemporáneo: LA MENTALIDAD DE LA AMABILIDAD.

No hablo de una amabilidad entendida como complacencia o debilidad. Hablo de una mentalidad que combina firmeza, claridad y acción para hacer crecer el talento y sostener el rendimiento colectivo. Es una forma de liderazgo que no rebaja la exigencia, sino que la humaniza. No diluye la autoridad, sino que la vuelve más eficaz.

Y aunque hoy podamos formularla con palabras nuevas, la intuición es antigua. Han pasado casi 2.000 años desde Marco Aurelio, y sin embargo su idea del panal y la abeja sigue describiendo con precisión una verdad esencial: el liderazgo más valioso no es el que solo ejerce poder, sino el que sostiene un bien mayor. Esa es justamente la raíz de esta propuesta. Justamente, Luis de la Fuente ha citado esta misma reflexión hace días. Es determinante. La idea de Marco Aurelio sobre el panal y la abeja sigue iluminando una verdad esencial: el liderazgo más valioso no es el que solo ejerce el poder de ordeno y mando, sino el que sostiene un bien mayor. Teniendo como propósito ese bien mayor han liderado -y lideran- figuras como Luis de la Fuente y Jacinda Ardern.

Y, aunque pueda parecer sencillo, no lo es en absoluto. Para sostener una mentalidad así hace falta un interior profundo, unos valores muy marcados y un talento emocional excepcional. No todas las personas están preparadas para ejercer el poder desde este lugar. De hecho, esa es la razón por la que estos líderes son tan escasos. Y también tan decisivos.

La mentalidad de la amabilidad no puede ser una estrategia de apariencia ni un gesto táctico; tiene que ser una convicción ética, una forma auténtica de estar en el liderazgo. Considero que hay tres dimensiones que permiten desarrollar este tipo de mentalidad:


PRIMERA DIMENSIÓN: La visión del grupo como sistema inteligente. En el caso de Luis de la Fuente, eso se traduce en una cultura de equipo donde los roles están claros, los egos no gobiernan y cada jugador entiende que forma parte de algo más grande que sí mismo. En el caso de Jacinda Ardern, esa misma idea se expresa en una manera de construir comunidad política desde un “nosotros” inclusivo, especialmente en momentos de crisis.



SEGUNDA DIMENSIÓN: La activación del potencial. Luis de la Fuente demuestra que un liderazgo sólido no consiste en recurrir siempre a los mismos, sino en crear un entorno donde cualquiera puede ser decisivo. De ahí que jugadores como Mikel Merino, desde el banquillo, sepan que siempre se puede volver a meter el gol decisivo. «¿Y si pasa otra vez?» -se preguntaba Merino antes del meter el gol decisivo contra la selección belga. Resolver la situación cuando más se necesita. Con humildad y brillantez.

Jacinda Ardern, por su parte, activó el potencial social cada vez que estaba presente en los momentos más importantes para generar tranquilidad social, como ocurrió por ejemplo en los atentados de Christchurch, ocurridos el 15 de marzo de 2019 en dos mezquitas, que causaron 51 muertos y decenas de heridos. En esta situación, actuó con rapidez, sentido común y sentido del bien común. Actuó desde el talante de la amabilidad: estar y resolver.

En ambos casos, el liderazgo no solo gestiona lo que ya existe: prepara lo que puede llegar a existir.

TERCERA DIMENSIÓN: La comunicación desde la claridad. Este punto me parece esencial. Tanto De la Fuente como Ardern entienden que comunicar bien no es adornar el mensaje, sino hacerlo comprensible, útil y orientador. La claridad reduce la incertidumbre, ordena expectativas y genera confianza. Y sin confianza, no hay liderazgo auténtico.

LOGROÑO 19/10/2024.- El seleccionador español de fútbol, Luis de la Fuente, acompañado por el presidente del Gobierno riojano, Gonzalo Capellán (d), y por el alcalde de la capital riojana, Conrado Escobar (iz), recibe un homenaje del Ayuntamiento de Logroño este sábado en las instalaciones de la Ciudad del Fútbol de Prado Viejo, en el que han participado jugadores de una decena de equipos de base de la ciudad, en un acto que han seguido unas mil personas en las instalaciones.-EFE/ Raquel Manzanares



Por eso, esta propuesta conecta de forma directa con el liderazgo auténtico. De hecho, la mentalidad de la amabilidad puede entenderse como una de sus expresiones más consistentes: una manera de alinear valores, palabra y comportamiento en favor del desarrollo de las personas y del bien común.



No es un liderazgo blando. Es un liderazgo que sabe que el talento florece mejor cuando se siente reconocido, orientado y cuidado. No es un liderazgo complaciente. Es un liderazgo que exige mucho, pero desde una base humana que hace posible la implicación real.

Esa es la frontera que separa a quienes mandan de quienes lideran de verdad. Y no todos tienen la capacidad, ni la profundidad, ni la estatura para cruzarla. Pero quien la tiene, puede hacer grandes cosas en su ámbito: ganar partidos -incluso mundiales- o crear un clima de satisfacción social, con oportunidades reales y duraderas, que al fin y al cabo eso es gobernar bien. Quien lidera desde la mentalidad de la amabilidad construye confianza duradera. El valor clave para transformar de verdad.

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